Reconozco que no soy un hombre que demuestre mucho sus afectos. Pero en realidad evito demostrarlos porque en sí soy sensible y de muy fácil llanto. Evito mostrar afectos para no caer en sensiblerías. Pero hoy quise nombrar la última misa en la que , para variar, actué como guía. Fue la despedida de octavos años, la primera (porque habiendo 3 octavos serán tres misas). En esta Misa se despidió el octavo año C.
Cada uno de los octavos tiene su gracia. El A ha vivido una evolución desde el haberme dejado sin voz el año pasado (por la indisciplina) hasta poder estructurarlos y trabajar sin dificultades. El octavo B es un curso pequeño, humilde y cumplidor. Del momento que alguien tiene sentido de la responsabilidad todo lo demás pasa a segundo plano. Una persona responsable progresa, y esto es lo que creo de mis niños de B. En el caso del C la relación se dio con facilidad, porque en este curso hay varios personajes queribles. Hay dos que quiero destacar.
Uno de los que quiero destacar es Bryan, he podido ver con alegría cuánto puede crecer quien desea tomarse la vida en serio. Este chiquillo podrá llegar a ser grande, si es que no se entrega a la vida fácil y olvida la importancia del esfuerzo, todos corremos riesgos.
La otra persona es la Nicol, esfuerzo, paciencia, simpatía, y aceptar la ayuda de quienes la quisieron ayudar. Humildad.
Da gusto compartir estos momentos de alegría. Todos vamos creciendo...
NOTAS 3ER SEMESTRE
jueves 29 de noviembre de 2007
lunes 26 de noviembre de 2007
Ser amable
Este jueves recién pasado participé en la licenciatura de cuarto año de mi sobrina mayor "la preferida", según se dicen entre ellas, porque tengo dos sobrinas que se han criado conmigo y son muy celosas de mí. Consideraciones aparte fui orgulloso porque mal que mal es una ocasión especial, algo que no se volverá a repetir y que realmente ameritaba el esfuerzo. Lo malo fue el día. Un jueves a las 11 de la mañana. Conseguí permiso en el trabajo, se me cortó la mañana, viajé sólo para la licenciatura y tuve que volver. Agotador.
De hecho hubiera sido más práctico si la licenciatura hubiera sido un viernes por la tarde o un sábado... pero no, lo hicieron un día jueves a media mañana.
La respuesta a mis por qué la comencé a encontrar cuando iba llegando a Los Sauces. A medida que el bus iba entrando vi que había mucha gente en el pueblo (en un pueblo como Los Sauces si hay 20 personas más ya se nota), y que esta era la gente que venía del campo. ¿Por qué la gente? Porque había pago, y cuando hay pago se instalan las caseras a vender cosas, y la gente baja con carretas porque aprovecha de apertrercharse de cosas para el mes, lo suficiente para esperar hasta el siguiente pago.
El jueves era día de pago, y cuando hay pago baja la gente del campo. Y como muchos de los alumnos que se licenciaron son niños que han bajado del campo para sus estudios, se decidió hacer la licenciatura un jueves de pago, para que todos pudieran participar. Fue, por decirlo de una forma linda, un gesto amable.
Al entender esto se me pasó la molestia por el viaje, porque si hay algo que me emociona es cuando la gente tiene la capacidad de pensar en otros. Y lo he visto efectivamente sólo en dos ocasiones. La segunda vez fue esta, la segunda fue hace algunos años, cuando vivía en Putaendo (Vª Región).
Ahí yo vivía como religioso, y mi vida estaba en torno a la parroquia a la que había sido destinado. Cuando recién llegué se me introdujo en los detalles del funcionamiento de la parroquia, y cuando me explicaron el tema de las reuniones quedé sorprendido. El párroco, el P. Francisco, me dijo:
"Aquí las reuniones duran una hora justa. Desde que empieza hasta que termina, y no puede ser de otra forma, porque la gente llega del campo en la micro que para frente a la parroquia, y la micro se devuelve una hora después, desde la misma parroquia. Y si nos pasamos en una reunión la gente tendrá que esperar una hora más. Y no podemos ser así con la gente".
Reuniones de una hora, únicamente por respeto al tiempo de la gente. Licenciaturas a media mañana de un jueves, únicamente por respeto a la gente.
Da gusto ver cosas así, aunque sean escasas. Es hermoso. Es simplemente ser amable.
De hecho hubiera sido más práctico si la licenciatura hubiera sido un viernes por la tarde o un sábado... pero no, lo hicieron un día jueves a media mañana.
La respuesta a mis por qué la comencé a encontrar cuando iba llegando a Los Sauces. A medida que el bus iba entrando vi que había mucha gente en el pueblo (en un pueblo como Los Sauces si hay 20 personas más ya se nota), y que esta era la gente que venía del campo. ¿Por qué la gente? Porque había pago, y cuando hay pago se instalan las caseras a vender cosas, y la gente baja con carretas porque aprovecha de apertrercharse de cosas para el mes, lo suficiente para esperar hasta el siguiente pago.
El jueves era día de pago, y cuando hay pago baja la gente del campo. Y como muchos de los alumnos que se licenciaron son niños que han bajado del campo para sus estudios, se decidió hacer la licenciatura un jueves de pago, para que todos pudieran participar. Fue, por decirlo de una forma linda, un gesto amable.
Al entender esto se me pasó la molestia por el viaje, porque si hay algo que me emociona es cuando la gente tiene la capacidad de pensar en otros. Y lo he visto efectivamente sólo en dos ocasiones. La segunda vez fue esta, la segunda fue hace algunos años, cuando vivía en Putaendo (Vª Región).
Ahí yo vivía como religioso, y mi vida estaba en torno a la parroquia a la que había sido destinado. Cuando recién llegué se me introdujo en los detalles del funcionamiento de la parroquia, y cuando me explicaron el tema de las reuniones quedé sorprendido. El párroco, el P. Francisco, me dijo:
"Aquí las reuniones duran una hora justa. Desde que empieza hasta que termina, y no puede ser de otra forma, porque la gente llega del campo en la micro que para frente a la parroquia, y la micro se devuelve una hora después, desde la misma parroquia. Y si nos pasamos en una reunión la gente tendrá que esperar una hora más. Y no podemos ser así con la gente".
Reuniones de una hora, únicamente por respeto al tiempo de la gente. Licenciaturas a media mañana de un jueves, únicamente por respeto a la gente.
Da gusto ver cosas así, aunque sean escasas. Es hermoso. Es simplemente ser amable.
martes 20 de noviembre de 2007
Asamblea de Jóvenes
Un nuevo fin de semana y un nuevo trabajo. Ahora participé en la Asamblea de la Pastoral Juvenil Diocesana. Es la ocasión para que jóvenes, de las 34 parroquias de la Diócesis, más los movimientos y otros grupos, puedan juntarse, discutir, y soñar una nueva Pastoral Juvenil. Y durante todo el fin de semana, si bien estuvieron presentes algunos sacerdotes, solamente los jóvenes fueron protagonistas: jóvenes dirigieron, jóvenes animaron, jóvenes sirvieron a otros, jóvenes pensaron, soñaron, trasnocharon y se ilusionaron con un nuevo 2008. Toda una asamblea hecha por jóvenes.
No voy a insistir en la idea de que los jóvenes son el presente de nuestra Iglesia. Ellos son los únicos que se reúnen en Asamblea con esta seriedad en toda la diócesis, y son los únicos que le van dando nuevos espacios para la creatividad. Soy un convencido de que ellos son el barómetro para entender hacia dónde avanzamos, hacia dónde debemos ir, y qué debemos hacer. Debo reconocer que, a pesar de tener una "agenda apretada", ellos son mi descanso.
Me tocó ayudarles con el proceso de elaboración de su Proyecto, con todo lo que viene después de "Ver, Juzgar, Actuar", y con todo lo que viene después de Evaluar... Fueron duros, descarnados, responsables... saben que hay esperanza en ellos. Saben que por ellos se la juega la iglesia, y saben también que esta iglesia no son ni los curitas ni las monjitas, porque ellos no harán lo que sólo ellos pueden hacer: hacer brotar nueva vida.
Cuando decimos que Cristo hace nuevs todas las cosas decimos que Cristo es joven, permanentemente joven, siempre joven... el eterno. El único capaz de recrearlo todo. Los jóvenes hacen nuevas todas las cosas, porque son la sucursal de Dios en la tierra.
Estos jóvenes son el mensaje de Dios para hoy.
No voy a insistir en la idea de que los jóvenes son el presente de nuestra Iglesia. Ellos son los únicos que se reúnen en Asamblea con esta seriedad en toda la diócesis, y son los únicos que le van dando nuevos espacios para la creatividad. Soy un convencido de que ellos son el barómetro para entender hacia dónde avanzamos, hacia dónde debemos ir, y qué debemos hacer. Debo reconocer que, a pesar de tener una "agenda apretada", ellos son mi descanso.
Me tocó ayudarles con el proceso de elaboración de su Proyecto, con todo lo que viene después de "Ver, Juzgar, Actuar", y con todo lo que viene después de Evaluar... Fueron duros, descarnados, responsables... saben que hay esperanza en ellos. Saben que por ellos se la juega la iglesia, y saben también que esta iglesia no son ni los curitas ni las monjitas, porque ellos no harán lo que sólo ellos pueden hacer: hacer brotar nueva vida.
Cuando decimos que Cristo hace nuevs todas las cosas decimos que Cristo es joven, permanentemente joven, siempre joven... el eterno. El único capaz de recrearlo todo. Los jóvenes hacen nuevas todas las cosas, porque son la sucursal de Dios en la tierra.
Estos jóvenes son el mensaje de Dios para hoy.
jueves 15 de noviembre de 2007
Abrir la mente
Vengo saliendo de una Eucaristía en la que hemos dado gracias por los alumnos de 4º medio que ya egresan de nuestro establecimiento. En esta ocasión me correspondió oficiar de guionista así es que, finalizada la Misa, y como siempre lo hago, traté de escabullirme para volver a la calma y al silencio tan bien acompañado que disfruto. En la calle, y de casualidad, un alumno me encontró, me detuvo y me dijo "Profesor, gracias, usted me abrió la mente...". Soy profesor de religión, teólogo por oficio, educador por vocación, y que un alumno de 17 años me diga eso es algo especial. Me emocioné.
Abrir la mente. Hablar de Dios y enseñar que Dios no te transforma en un enfermo mental que cree en ilusiones. Hablar de Dios con respeto y permitirles pensar a Dios de una manera inteligente. Saber que Dios es lo más grande que se puede pensar, el pensamiento más grandioso, no porque sea una buena idea (Tolkien tiene buenas ideas...) sino porque vale la pena pensarlo.
Este alumno pertenece a un curso que me permitió pensar a Dios de una manera nueva, ver a Dios en una visión cosmológica. Ellos me dieron la oportunidad de entrar a cuestionarme mis propias imágenes de Dios, e incluso me sometí a su opinión en cuanto a lo que yo creía o creía creer. Ellos fueron una gran oportunidad para mí. Ellos me abrieron la mente a Dios, permitiendo que viera a Dios de una manera nueva.
Me emocioné, lo reconozco, porque siento más bien gratitud hacia él. Un gran momento el de hoy. Un regalo que no me esperaba.
Abrir la mente. Hablar de Dios y enseñar que Dios no te transforma en un enfermo mental que cree en ilusiones. Hablar de Dios con respeto y permitirles pensar a Dios de una manera inteligente. Saber que Dios es lo más grande que se puede pensar, el pensamiento más grandioso, no porque sea una buena idea (Tolkien tiene buenas ideas...) sino porque vale la pena pensarlo.
Este alumno pertenece a un curso que me permitió pensar a Dios de una manera nueva, ver a Dios en una visión cosmológica. Ellos me dieron la oportunidad de entrar a cuestionarme mis propias imágenes de Dios, e incluso me sometí a su opinión en cuanto a lo que yo creía o creía creer. Ellos fueron una gran oportunidad para mí. Ellos me abrieron la mente a Dios, permitiendo que viera a Dios de una manera nueva.
Me emocioné, lo reconozco, porque siento más bien gratitud hacia él. Un gran momento el de hoy. Un regalo que no me esperaba.
martes 13 de noviembre de 2007
Desafíos al término del año escolar
Los alumnos de cuarto año medio ya están finalizando sus estudios. Acá, en el colegio, ya no tienen clases por las tardes y, sin embargo, es cuando más vienen al colegio. Es el drama que E. Fromm llamó la "Separatidad...". Se rehúsan a dejar el útero materno que ha sido para ellos el Colegio durante tantos años. De cierta forma nosotros hemos sido para ellos (y no sólo nosotros personas, sino también el edificio, los espacios, los recuerdos) su único hogar, su única raigambre. Los hombres no tienen raíces, tienen pies, pero sienten frecuentemente la tentación de volver a pisar sobre las huellas. Nosotros hemos sido el espacio en que han plasmado sus huellas.
Y muchos se rehúsan a abandonar este espacio. Tienen miedo.
Es algo inconciente, es como esa sensación extraña que uno siente segundos antes del toque de medianoche un 31 de diciembre. Es la espectación y el temor por lo que sobrevendrá. ¿Qué será de ellos ahora que no estarán con nosotros?. Esta pregunta no la hacemos nosotros (mal que mal el oficio de profesor implica ese sabio "dejar partir"), esa pregunta parecieran hacérsela ellos... y casi con dolor. Tienen miedo de que nos acostumbremos a seguir nuestra vida sin ellos.
Y la vida seguirá sin ellos.
Y tendrán que asumir que no son imprescindibles, que ha sido solo una hebra más en el hilo de la vida del colegio. Y ahora deben formar parte de otra hebra, y otros ocuparán su lugar... se irán, porque deben irse, porque no les corresponde quedarse. Porque quedarse es estancarse, y el agua estancada se pudre. Deben correr, deben irse de acá. Deben aprender que no serán nunca imprescindibles en nuestra vida, como nosotros tampoco lo hemos sido para ellos.
Ellos han sido un regalo para nosotros. No los necesitábamos (podrían haber llegado otros) y llegaron ellos. Nosotros hemos sido una casualidad para ellos, porque ellos no nos esperaban, y sin embargo aparecimos.
El desafío es mutuo. Nosotros agradeceremos el regalo de haberlos conocido, y al mismo tiempo prepararemos el corazón para los que sigan después de ellos. Ellos recogerán de la casualidad e habernos conocido lo que más les sirva, y prepararán el corazón para recibir los aportes de otros que, casualmente, aparecerán por sus vidas.
Esto es lo difícil de fin de año. Verlos dando vueltas por el colegio y saber que tanto ellos como nosotros tenemos un gran desafío por delante. Es difícil pero necesario. Hay que saber dejar partir.
Y muchos se rehúsan a abandonar este espacio. Tienen miedo.
Es algo inconciente, es como esa sensación extraña que uno siente segundos antes del toque de medianoche un 31 de diciembre. Es la espectación y el temor por lo que sobrevendrá. ¿Qué será de ellos ahora que no estarán con nosotros?. Esta pregunta no la hacemos nosotros (mal que mal el oficio de profesor implica ese sabio "dejar partir"), esa pregunta parecieran hacérsela ellos... y casi con dolor. Tienen miedo de que nos acostumbremos a seguir nuestra vida sin ellos.
Y la vida seguirá sin ellos.
Y tendrán que asumir que no son imprescindibles, que ha sido solo una hebra más en el hilo de la vida del colegio. Y ahora deben formar parte de otra hebra, y otros ocuparán su lugar... se irán, porque deben irse, porque no les corresponde quedarse. Porque quedarse es estancarse, y el agua estancada se pudre. Deben correr, deben irse de acá. Deben aprender que no serán nunca imprescindibles en nuestra vida, como nosotros tampoco lo hemos sido para ellos.
Ellos han sido un regalo para nosotros. No los necesitábamos (podrían haber llegado otros) y llegaron ellos. Nosotros hemos sido una casualidad para ellos, porque ellos no nos esperaban, y sin embargo aparecimos.
El desafío es mutuo. Nosotros agradeceremos el regalo de haberlos conocido, y al mismo tiempo prepararemos el corazón para los que sigan después de ellos. Ellos recogerán de la casualidad e habernos conocido lo que más les sirva, y prepararán el corazón para recibir los aportes de otros que, casualmente, aparecerán por sus vidas.
Esto es lo difícil de fin de año. Verlos dando vueltas por el colegio y saber que tanto ellos como nosotros tenemos un gran desafío por delante. Es difícil pero necesario. Hay que saber dejar partir.
lunes 12 de noviembre de 2007
Pensando la fe
Este fin de semana estuvimos dando un curso de animadores a jóvenes del decanato de Nueva Imperial, y vimos con paciencia cómo ellos fueron dedicándose (dentro de lo que sus cortos años les permiten) a prepararse para otros.
Ellos serán animadores de grupos juveniles, los responsables de hacer que otros conozcan la fe en Cristo y lleguen, algún día, a "reemplazarnos" a nosotros, los más viejos... es una esperanza, porque la Iglesia es una cadena de reemplazantes que asumen con entusiasmo el esfuerzo de tantos otros que cuando eran jóvenes se la jugaron por Cristo. Gente celosa del mensaje, no porque lo guardara para sí, sino porque le interesaba que el mensaje se multiplicara fecundamente en otros. El Celo de los Apóstoles.
Y ellos en un momento se preguntaron si era más importante cultivar lo intelectual, lo espiritual 0 lo organizativo de la Iglesia. Es el drama de rehusarse a pensar la fe...
El equilibrio es difícil. Muchos ven este "Pensar la fe" como un atentado contra la religión, como si Dios fuera "impensable". Dios es el "incognoscible", pero no el impensable... Dios es la eterna novedad que aquél que se dedique a estudiarlo y pensarlo no se cansará jamás de descubrir novedades...
Es un desafío, pero hermoso. Vale la pena "pensar la fe".
Ellos serán animadores de grupos juveniles, los responsables de hacer que otros conozcan la fe en Cristo y lleguen, algún día, a "reemplazarnos" a nosotros, los más viejos... es una esperanza, porque la Iglesia es una cadena de reemplazantes que asumen con entusiasmo el esfuerzo de tantos otros que cuando eran jóvenes se la jugaron por Cristo. Gente celosa del mensaje, no porque lo guardara para sí, sino porque le interesaba que el mensaje se multiplicara fecundamente en otros. El Celo de los Apóstoles.
Y ellos en un momento se preguntaron si era más importante cultivar lo intelectual, lo espiritual 0 lo organizativo de la Iglesia. Es el drama de rehusarse a pensar la fe...
El equilibrio es difícil. Muchos ven este "Pensar la fe" como un atentado contra la religión, como si Dios fuera "impensable". Dios es el "incognoscible", pero no el impensable... Dios es la eterna novedad que aquél que se dedique a estudiarlo y pensarlo no se cansará jamás de descubrir novedades...
Es un desafío, pero hermoso. Vale la pena "pensar la fe".
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