lunes 3 de diciembre de 2007

La Esperanza

El viernes, por la radio, me enteré que el Papa Benedicto había publicado su segunda Encíclia. Como buen teólogo lo primero que hice en el colegio fue conectarme a internet, descargarla y comenzar a leerla, y gozarme, porque si hay algo que disfruto de este papa, son sus escritos.

Me gusta don Benedicto (Ratzinger) porque es "bajo perfil", no llena estadios ni tiene cobertura mundial. Se parece a lo prudente de la presencia de Cristo más que el papa Juan Pablo II. Y, cuestión propia, me gusta más una iglesia prudente y discreta que una iglesia parafernálica...

El Papa teólogo me cae bien no por papa (se Papa no es algo que pueda ser calificado por el estrecho y mezquino "caerle a uno bien") sino por teólogo. Es claro, es directo, es bien fundamentado, y bien pensado. Da gusto leerlo porque quien lee sus textos no queda con la sensación de que están tratando de pasarle gato por liebre, sino que se queda con la sensación de que vale la pena seguir indagando. Y ahora ha enfrentado un tema complejo, difícil, y fundamental: la esperanza.

Al leer la Encíclia "Spe Salvi" uno puede primero recorrer la historia universal con una claridad pocas veces vista en un documento papal (el Compendio de Doctrina Social abarca mucho y muy claramente, pero no es un texto que salga de la pluma directa de un papa), puede situar la esperanza cristiana en un equilibrado espacio temporal. Puede ver que la esperanza no es una ilusión (ser cristiano no es ser iluso) sino una realidad que esperamos se cumpla (ser cristiano es ser realista).

Me gustaría que todos pudieran leer la encíclia (a mis alumnos en todas las clases les he ido hablando de ella), no sólo por ser un texto escrito por el papa, sino por ser un documento que nos permite ver la esperanza cristiana sin expresiones ilusas, sino muy centrado, con los pies bien puestos en la tierra, con claridad y sin aspavientos. Tal como era Cristo.

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