Los alumnos de cuarto año medio ya están finalizando sus estudios. Acá, en el colegio, ya no tienen clases por las tardes y, sin embargo, es cuando más vienen al colegio. Es el drama que E. Fromm llamó la "Separatidad...". Se rehúsan a dejar el útero materno que ha sido para ellos el Colegio durante tantos años. De cierta forma nosotros hemos sido para ellos (y no sólo nosotros personas, sino también el edificio, los espacios, los recuerdos) su único hogar, su única raigambre. Los hombres no tienen raíces, tienen pies, pero sienten frecuentemente la tentación de volver a pisar sobre las huellas. Nosotros hemos sido el espacio en que han plasmado sus huellas.
Y muchos se rehúsan a abandonar este espacio. Tienen miedo.
Es algo inconciente, es como esa sensación extraña que uno siente segundos antes del toque de medianoche un 31 de diciembre. Es la espectación y el temor por lo que sobrevendrá. ¿Qué será de ellos ahora que no estarán con nosotros?. Esta pregunta no la hacemos nosotros (mal que mal el oficio de profesor implica ese sabio "dejar partir"), esa pregunta parecieran hacérsela ellos... y casi con dolor. Tienen miedo de que nos acostumbremos a seguir nuestra vida sin ellos.
Y la vida seguirá sin ellos.
Y tendrán que asumir que no son imprescindibles, que ha sido solo una hebra más en el hilo de la vida del colegio. Y ahora deben formar parte de otra hebra, y otros ocuparán su lugar... se irán, porque deben irse, porque no les corresponde quedarse. Porque quedarse es estancarse, y el agua estancada se pudre. Deben correr, deben irse de acá. Deben aprender que no serán nunca imprescindibles en nuestra vida, como nosotros tampoco lo hemos sido para ellos.
Ellos han sido un regalo para nosotros. No los necesitábamos (podrían haber llegado otros) y llegaron ellos. Nosotros hemos sido una casualidad para ellos, porque ellos no nos esperaban, y sin embargo aparecimos.
El desafío es mutuo. Nosotros agradeceremos el regalo de haberlos conocido, y al mismo tiempo prepararemos el corazón para los que sigan después de ellos. Ellos recogerán de la casualidad e habernos conocido lo que más les sirva, y prepararán el corazón para recibir los aportes de otros que, casualmente, aparecerán por sus vidas.
Esto es lo difícil de fin de año. Verlos dando vueltas por el colegio y saber que tanto ellos como nosotros tenemos un gran desafío por delante. Es difícil pero necesario. Hay que saber dejar partir.
NOTAS 3ER SEMESTRE
martes 13 de noviembre de 2007
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1 comentarios:
muy interesante lo que escribirte, solo agregar que el primer hogar de los chicos es su familia y su casa, el colegio es el segundo hogar y no el único. cariños Lucy
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